La evolución de la «Brazilian Storm»

Hace menos de diez años, un grupo de chavales irrumpió, sin saber cómo, en los más altos estamentos del surf profesional para cambiarlo de tal forma, que su llegada resultó ser un antes y un después definitivo.
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La entrada en escena de lo que se denominó ‘Brazilian Storm’ vino acompañada de dudas, críticas y, en muchos casos, odio. Y es que la generación de Adriano, Medina, Toledo, Pupo, Italo y compañía, supuso un bofetón a mano abierta al ego anglosajón, que venía dominando el surf durante décadas gracias a nombres como Mark Richards, Tom Curren, Kelly Slater, Mick Fanning o Andy Irons. Todos ellos, sellaron durante años la cúspide del surf competitivo, convirtiéndolo en una especie de mano a mano entre americanos y australianos –con alguna excepción hawaiana o sudafricana, básicamente-. Sin embargo, la llegada de los brasileños desbarató por completo ese binomio y, en un abrir y cerrar de ojos, puso patas arriba la conciencia de un mundo demasiado acostumbrado al ‘surf blanco’ de postal.

 

Al principio solamente se trataba de unos chirivuelteros sin estilo que sólo eran capaces de pegar brincos en medio metro y que, naturalmente, no estaban a la altura del surf adulto que el CT requería. No obstante, poco tiempo después, esos mismos saltimbanquis fueron colando sus nombres en los podios del Pipe Masters, en J-Bay, en Fiji, en un Margaret River bestial, o en el Teahupoo más masivo de los últimos años. Qué curioso…

 

Lo que comenzó siendo un debate encarnizado acerca de estilos y madurez, hoy es un tema más que zanjado, dado que prácticamente el 100% de las victorias CT portan la bandera brasileña. Es más, hoy por hoy, cuesta imaginar otra nación con una cantera lo suficientemente sólida como para lograr plantar cara al surf brasileño a corto o medio plazo.

 

Ante la verdad apabullante de que los brasileños son competitivamente los números uno, la mayoría del público ha tenido que rendirse también a su humanidad.

Mientras gran parte de los competidores parecen ir a lo suyo, la ‘Brazilian Storm’ permanece unida y es capaz de transmitir un nivel de cercanía y de unión que trasciende rankings, ya que incluso los rivales más directos celebran las victorias de sus oponentes.

Este año Adriano, el padrino de todos ellos, se retira. Por lo que han decidido competir en la última prueba (El Rancho de Kelly) vistiendo una lycra que lleva su nombre y su dorsal. Hace años, Jadson Andre renunció a parte de su sueldo para que su sponsor mantuviera en nómina a su gran amigo Italo Ferreira.

Gestos como éstos, más propios de gente de la calle que viene de pasarlo mal y de luchar para llegar donde está, que de TOPS de élite con deportivos y complementos de 2000$, han logrado cautivar a una audiencia que ha acabado por respetar tanto su nivel de surf como su honesta humanidad.

Y es por ello que, le pese a quien le pese, la ‘Brazilian Storm’ se trata del fenómeno más determinante del surf profesional de nuestra era. Algo que ha roto esquemas, reformado los criterios de puntuación, multiplicado el número de dieces… Algo que lo ha desbarajustado todo y que, lejos de ser un chubasco ocasional, es un auténtico cambio climático.

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