El dilema está servido

Te despiertas un día, miras la cam y decides ir a ese sitio raro con el fin de huir de la multitud ya que la condiciones están más que claras para el spot A, un spot regular, certero pero masificado. El spot B, en cambio, probablemente esté más pequeño, más revuelto y, como de costumbre, sea un cerrote. De ahí que no haya casi nadie y, al menos, vayas a gozar de un baño tranquilo.
Fotografía de José Alberto Prieto (@northmorla)
Fotografía de José Alberto Prieto (@northmorla)
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Dilema 1: ¿spot A o spot B?

Este dilema lo has solventado fácilmente. Prefieres estar tranquilo y arriesgar un bañito tontorrón a tu bola.

La sorpresa surge cuando llegas al sitio raro en cuestión y, lejos de ser el cerrote de siempre, los astros parecen haberse alineado generando un fondazo que produce unas olitas divertidísimas, tanto de izquierda como de derecha.

Naturalmente te vas al agua pitando y el fondo se tira toda la tarde bombeando las mismas olas en el mismo sitio. Es decir, no ha sido casualidad ni cosa de veinte minutos. Indiscutiblemente el spot B está todo lo bien que puede estar.

Llegas a casa y ves que las previs van a ser idénticas durante los próximos cuatro días.

Ahí surge el dilema 2. Un dilema de resolución más difícil… ¿Se lo cuentas a los colegas o te lo callas para ti?

Por un lado te molaría pegarte un baño con los amigotes. Pero por otro tienes miedo de que la cosa se acabe desfasando de gente ya que ese fondo es un regalo divino.

En tu vida has visto el spot B tan bueno y, sobre todo, con diez personas el pico ya está saturado. Si los dos colegas se sellasen la boca, no habría problema. Pero Whatssap, Instagram y Facebook son armas de destrucción masiva e instantánea y tu sagrado secreto se puede convertir en una insoportable romería en cuestión de un par de horas.

La duda vuelve a surgir cuando te imaginas un fotón tuyo ahí. Lo cierto es que molaría un recuerdo de semejantes olas en ese sitio, ¿verdad? Es un sitio al que le tienes cariño y todas las fotos que tienes ahí son de olas infumables… ¡Ay, ay, ay!

¿Y si haces un pacto de sangre con los colegas prometiendo confidencialidad? ¿Y si dejas que cada uno arriesgue y gane o pierda según su suerte? ¿Y si por un día eres generoso y compartes un secreto capaz de hacer felices a muchos? ¿Y si regresas al spot B solo, sin cámara, a disfrutar de un baño sin testigos ni más recuerdos que el tuyo propio?

¡Ay, ay , ay! ¿Tú que harías?

 

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Llevaría a dos amigos sin duda! surfear solo es una maravilla pero nada es comparable a la sensación de pegarte una buena ola y que tu colega se la coma entera desde el canal para luego poder comentarla. Yo lo tengo claro, amigos hasta la muerte! 🙂

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