No solo es La Invernal, es cada día.

La periodista Maialen Mangas, ofrece su punto de vista sobre la reciente polémica generada a raíz del reparto de premios entre categorías femenina y masculina de La Invernal de Laredo.
surf hombres mujeres premios-9928
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Indar y Garazi. Foto: Pacotwo

El menor acceso al deporte por parte de las mujeres, que se traduce en menos derechos y oportunidades, es el germen de una cadena viciosa que se vuelve circular.

Parece que nada sucede hasta que no es noticia. Hasta que no se publica en un gran medio estatal. Y claro que sucede. Cada día, en cada ámbito, en cada deporte. La semana pasada, un artículo de El País en el que se denunciaba la diferencia entre los premios que La Invernal de Laredo otorgaría a los finalistas de la categoría masculina y femenina provocó excitación. A la opinión pública en general y al mundo del surf en particular.

El campeonato, más allá de la colaboración de varios patrocinadores (Kutxabank, Volkswagen, Movistar y O’neill, entre otros), contó para su organización con 17.900 euros provenientes de la Comisión de Deportes de Laredo, de los cuales 7.000 se destinaron a premios. Antes de la presión mediática originada por la publicación de El País, que instó a la alcaldía a igualar los galardones de hombres y mujeres, el torneo pretendía repartir 6.000 euros entre los ganadores de la categoría masculina y 1.000 entre las finalistas de la femenina.

Se equipararon los premios y estalló la controversia. Por una parte, quienes defendieron la igualdad de género y apoyaron la medida. Por otra, quienes también defendieron la igualdad de género pero sin apoyar la medida. Cortocircuito. ¿Cómo funciona esto? ¿La igualdad de género nos parece estupenda hasta que choca con nuestros privilegios? A veces no sobra apuntar que la defensa de la igualdad entre los géneros va más allá de afirmarlo verbalmente porque queda bien, porque es interesante, porque se liga más o porque nos guste una camiseta con el logo de “I’m feminist”.

Durante los últimos días, me he encontrado con opiniones más difíciles de ingerir que un bocadillo de galletas. En especial, llamó mi atención un sujeto que afirmaba “no ser machista” pero a la vez aseguraba que “un evento de surf normalmente no es un evento que se hace para promocionar la igualdad entre hombres y mujeres”. O este otro: “El problema viene de abajo, de una sociedad machista que sí existe, pero cuyo cambio debería empezar en los colegios y las familias, no en los campeonatos de surf”. Más allá, me sorprendieron todos aquellos que defendieron “la igualdad de género” pero no la igualdad de premios bajo tres pretextos que se han generalizado: hay menos mujeres inscritas, pagan menos y el nivel es más flojo.

Entre tanto artículo, pronunciamientos en redes sociales y denuncias en revistas especializadas, creo que es necesario desempañar varios conceptos que quizá ayuden a poner luz sobre este problema de desigualdad, que no solo afecta a La Invernal sino al día a día del ámbito deportivo.

1- En el origen del problema está la solución
“Un ganador entre 60 participantes debe recibir más dinero que una ganadora entre 10”. Ha sido uno de los argumentos más utilizados por esos “no machistas” que paradójicamente se oponen a equiparar los premios de unos y otras. Sin embargo, en este pretexto falta mucha profundidad de campo y reflexión.

Antes de hacer afirmaciones a la ligera, ¿por qué no nos preguntamos sobre las causas que afectan a que haya muchísimas menos mujeres que hombres en el agua a lo largo y ancho del planeta? La respuesta, lejos de ser casualidad, obedece a causas muy arraigadas en nuestra cultura y sociedad.

El sexismo se manifiesta de forma cotidiana en el deporte, uno de los fenómenos socioculturales más afectados por las construcciones de masculinidad y de feminidad. Por esta razón (entre muchas otras) nos resulta aplastante la lógica de que una surfista reciba un premio menor porque haya menos participantes mujeres pero desconocemos que un gimnasta rítmico o un patinador artístico obtiene el mismo galardón que su compañera, por mucho que sean ambos deportes donde las categorías femeninas lleven el bastón de mando. Este punto podría llevarnos, casi sin querer, a la conclusión de que la diferencia en los premios no es una polémica sobre beneficios económicos sino sobre sexismo, que conspira contra la mujer en el deporte y en todos los ámbitos sociales.

Aunque se asuma como natural, la práctica del deporte (y del surf, en consecuencia) está ligada a una serie de mandatos de género que mujeres y hombres viven de distinta manera. Los tareas de cuidados (como criar a los niños y niñas, ocuparse de personas enfermas y ancianas o llevar a cabo las labores domésticas) son actividades reproductivas aún ejecutadas mayormente por mujeres y niñas que les hacen disponer de menos tiempo libre que los hombres y niños.

Estos mandatos de género actúan como barreras en el acceso a las actividades de ocio y deporte para mujeres, niñas y adolescentes. Las cifras así lo demuestran y no deben ser ignoradas: según el INE (2016-2017), en España los hombres dedican entre una y dos horas diarias más que las mujeres a la vida social, a la diversión, a deportes y a actividades al aire libre. Queda en evidencia, por tanto, que la actividad física, también el surf, es un ámbito muy masculinizado de la sociedad donde los roles de género juegan un papel clave y actúan en detrimento de las mujeres, niñas y adolescentes.

El menor acceso al deporte por parte de las mujeres, que se traduce en menos derechos y oportunidades (o “en un nivel más flojo”, como se ha repetido en tantas ocasiones), es el germen de una cadena viciosa que se vuelve circular: menos tiempo de entrenamiento, menos infraestructura para entrenamiento, menos recursos humanos y materiales, menos profesionalización, menos participación en campeonatos, menos dinero invertido para competiciones, menos dinero para las premiadas y un largo etcétera en perjuicio de la población femenina.

He ahí el origen del problema. Y, a la vez, la solución: promover medidas que aumenten el acceso de las mujeres al deporte. ¿Cómo? Cortando en alguno de los puntos la cadena circular viciosa. No hay que inventar nada nuevo, es suficiente con que las autoridades públicas como el Ayuntamiento de Laredo cumplan con las leyes de igualdad. Con que el Consejo Superior de Deportes y demás entidades dediquen la mitad del dinero público al deporte practicado por mujeres.

2- Hablemos de equidad y no de igualdad
Conviene aclarar una diferencia conceptual importante que da lugar a muchas confusiones, también en esta última controversia de La Invernal. La igualdad hace referencia a las condiciones iguales para todas las personas y a dar exactamente lo mismo a cada una, por diferente que sea su condición. Es decir, si tengo dos panes, hay un hombre muriéndose de hambre y otro recién salido de un banquete de boda, le daré un pan a cada uno. La equidad, en cambio, busca justicia dentro de la igualdad, por lo que da a cada uno lo que le corresponde. Es un trato desigual entre desiguales para garantizar condiciones más justas. Siguiendo con el mismo ejemplo: el hombre muriéndose de hambre se quedaría con los dos panes.

Debido a que, por desgracia, hoy todavía las mujeres y los hombres vivimos en condiciones muy desiguales, conviene más hablar de equidad que de igualdad. Aplicado al campeonato de Laredo y a miles más que se celebran a diario en distintas disciplinas deportivas, a las mujeres (con menos acceso, menos derechos y menos oportunidades) correspondería otorgarles el mismo premio que a los hombres, aunque eso suponga que ganen más en relación a las personas inscritas. ¿Por qué? Porque sería una forma de cortar la cadena viciosa circular, de hacer justicia, de dar ejemplo y de incentivar el acceso de las mujeres al deporte.

En este camino, estaría bien recibir apoyo de los hombres, de los compañeros y no enemigos, de las categorías masculinas. Y, también, aunque parezca una utopía, de las empresas privadas. De los patrocinadores, que se niegan a igualar los premios por posibles pérdidas de beneficios pero no dudan en lucrarse con la difusión de imágenes hipersexualizadas y cosificadas de las surfistas, muchas veces más valoradas por sus nalgas y pechos que por sus triunfos deportivos.

Empresas patrocinadoras, sponsors, Ayuntamientos, Diputaciones, deportistas, comunidad surfista: Estamos por la igualdad de género o no estamos. Lo que no vale es estarlo solo cuando nos conviene.

Si queremos mismas oportunidades para niños y niñas, para mujeres y hombres, apoyemos medidas como la que finalmente tomó el Ayuntamiento de Laredo (no por gusto, sino por presión mediática y para limpiar la imagen del alcalde, que había quedado de machista para arriba en todo el país). Apoyémoslas, porque esas medidas pueden servir de tijeras para cortar la cadena y para que algún día, en el agua, surfeemos por igual hombres y mujeres.

Por el contrario, si no las queremos, defendamos con legitimidad nuestros argumentos. Pero, eso sí, asumamos sin apuros ni cargos de conciencia que nuestros argumentos, en efecto, son machistas. Que no vale definirse como “no machista” y oponerse a los premios paritarios. Que es trampa. Que es de “quedabien”. Que el mix de ideas lo dejamos para los frutos secos.

Maialen Mangas.

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