Mireia cabañes X plato

¿Quién es @emecabanyes?

Últimamente me lo preguntan mucho y nunca sé qué responder. 

Es difícil definirme, soy una niña de 34 años con muchas ganas de experimentar y vivir. Odio las obligaciones aunque las tengo. No soporto la monotonía y me encanta pasarme le día haciendo cosas. No me gusta el control, prefiero vivir improvisando o dejándome llevar. Soy muy independiente, algo sinvergüenza, muy payasa y bastante exigente conmigo misma. No importa el qué dirán por eso casi siempre hago lo que siempre. Adoro el café, el chocolate valor del 70% y odio la lechuga y sus derivados.

Explícanos tu historia.

Tuve una infancia normal hasta el día de mi séptimo cumpleaños, el 7 de febrero de 1994 ingresaba en el hospital con un dolor horroroso de pierna y algo de fiebre. Tras una biopsia negativa, un cumpleaños retrasado y medicación, volvía a ingresar a los días pero esta vez peor. La nueva biopsia confirmaba que tenía un Sarcoma de Ewing en el Fémur izquierdo. Y fue aquí cuando una niña enmadrada y súper introvertida se convertía en todo lo contrario. Meses de quimioterapia, de punciones y de muchas pruebas, llegó el gran día. ¡Quirófano! Pasé alrededor de 12h en él, entré sin pelo pero con dos piernas y salí, también sin pelo pero escayolada de pecho a pies y con una pierna más corta y del revés. Tras los tres meses de verano escayolada, tocaron, más ciclos de quimioterapia y el maravilloso mundo de la rehabilitación. A los meses de rehabilitación me hicieron la primera pierna ortopédica, era rígida pero con ella conseguí hasta correr, eso sí, a mi modo. Cuando ya tenía más fuerza y experiencia, me hicieron mi primera prótesis articulada y no veas lo difícil que era andar con eso. ¡Más de una vez me he caído!  Esta fue la primera vez que casi pierdo la vida.

La segunda fue un verano, me acaban de dar el alta en uno de los mil especialistas que me llevaban a raíz del cáncer (ya sabes que se te fastidian los órganos) y para celebrarlo, las chicas (mi madre, mi hermana y yo) nos íbamos de compras. A la vuelta, mientras cantábamos a marisol a todo pulmón, ¡puuuummmm! Súper accidente en la autovía. Un conductor ebrio se nos llevó por delante y nuestro coche dio unas cuantas vueltas de campana. Saqué a mi hermana por la ventana de atrás y del shock me dio por recoger la compra, sandías incluidas. No nos hicimos nada pero se lió parda, vino el helicóptero, policías, ambulancias… por aquel entonces mi pierna era rígida por lo que cojeaba más de lo normal y recuerdo una señora gritarle al de la ambulancia: “miradle la pierna que cogeaaaa”. 

Y si lo que queréis son anécdotas, tengo muchísimas. 

Pero mi historia es eso, una superación tras otra. Y ahora, le ha tocado al surf junto al dolor crónico (que por cierto, hoy voy del sofá a la cama porque no me puedo ni mover del dolor). 

¿Qué está aportando el surf a tu vida?

Pues justo eso, VIDA. El surf ha llegado en el mejor momento. He querido probarlo desde bien pequeña pero no ha sido hasta ahora ¡Qué sabio es el destino! Estos últimos años han sido de los más difíciles ya que, vivir con dolor crónico no es tarea fácil y ver cómo estás limitada a nivel laboral o incluso en tu día a día, tampoco. Yo, que soy una persona risueña y fuerte, tuve que acudir al psicólogo porque, sin llegar a tener depresión, estaba triste, cansada, apática… Yo sabía, que el dolor no se iba a ir y que, tenía que aprender a vivir con él pero, en cierto modo, me daba miedo. Sabía que si salía a comer con amigos, me iba a doler igual que si estaba en casa pero, en cambio, no salía por miedo a que, de algún modo, me doliese más por forzar. Y así me metí en un bucle. Y un día dije: “Mireia, hay que salir del bucle”. Y tras analizarme y pensar dije… adrenalina y actividad controlada, eso es lo que necesitas. Y así ha llegado el surf a mi vida. Así y gracias a kind surf valencia y los chicos de mediterranean Surf School que se lo están currando y adaptando el proceso a mis necesidades. Gracias a él, vuelvo a tener ganas, a ser la que era hace unos años, esa chica con ansias de comerse el mundo y disfrutar. Por lo que reitero, el surf para mí, a parte de felicidad, adrenalina y superación es VIDA. 

¿Qué te gustaría aportar en un futuro al surf?

¡Qué pregunta más interesante! Yo, a día de hoy, le aporto, como muchos otros, vitalidad, esfuerzo y empoderamiento, entre otros. En un futuro no solo me gustaría aportar momentos épicos y felices junto a otros compañeros sino que me gustaría acercarlo, de algún modo, a todo el mundo. Es decir, que gracias a mi ejemplo, más personas con diversidad funcional se atrevieran a probarlo. O personas que, sin ninguna patología pero sí algo patosos, se quiten el miedo y decidan disfrutarlo. Quiero aportarle al surf cercanía, posibilidad y y momentos únicos rodeados de sonrisas.

Que el surf no es solo subirte en una tabla y deslizarte por las olas, es mucho más. Es mar, océano, meteorología, supervivencia,  cultura, bienestar social y medio ambiental, felicidad, adrenalina, paciencia, riesgo, sacrificio y muchas cosas más. Parece mentira, lo que el surf puede aportarnos. 

 

¿Cuál es tu día perfecto?

Tengo muchos días perfectos pero en todos ellos aparece la naturaleza, la familia y los amigos. Te pongo dos ejemplo:

Despertarme bien tempranito e irme a la playa, disfrutar de las primeras olas, al acabar, cambiarme en el coche e ir a desayunar  ¡Soy adicta a los cafés al sol! Este rato desayunando debe ser sin prisa. Adoro contemplar el mar y que me caliente el sol mientras me tomo el café. Si es verano, lo ideal sería que viniera mi hermana y mi cuñado con mi sobrina a pasar el día a la playa. Sacar el típico tupper de tortilla de patata y hacer unos bocadillos. Bañarnos a todas horas y enseñarle a la pequeña a hacer castillos en la arena. Luego ir a uno de los chiringuitos de la playa a por algo fresquito mientras ponen a los delincuentes o a Juanito Makandé de fondo hasta que atardezca. Llegar a casa, duchita, cena ligera y netflix. Como veis, soy bastante simple y disfrutona.

Otro día perfecto sería levantarme cuando el cuerpo quiera (que no suele ser más de las 9:30), desayunar, poner la música a tope y hacer algo de ejercicio. Ir al chalet o la finca de algún amigo (yo no tengo, jaja) y hacer una barbacoa o paella hasta que el cuerpo aguante. Mucha música, muchas risas y muchos momentos juntos de los que ahora no se pueden.

Si ves el mar plato, ¿qué haces?

Suelo quedarme embobada mirando. ¡Es muy común en el mediterráneo! Ayer de hecho, lo estaba, apenas rompían dos olas en la orilla, nada de espuma. Y me senté y lo estuve contemplando como una hora. Y pensé ¡Está ideal para nadar! Pero me gusta mucho observarlo, la gran mayoría de las veces dejo la mente en blanco y me lleno de su energía. 

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