Kepa Acero: la esencia del viaje

El menor de los tres hermanos Acero ha dedicado la última década y media de su vida a buscar olas por el mundo, de la Antártida a Indonesia, de la costa occidental de África al Amazonas. Hoy aprovechamos que está en casa para hablar con él de sus pasiones y de sus planes para los próximos meses.
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¿Cómo fue tu primera ola?

Todo sucedió casi por casualidad. Yo nací en Algorta y me crié entre Getxo y Sopelana. Recuerdo que el skate se volvió muy popular en la zona cuando yo era un chaval. Frente a la playa de Arrigunaga se abrió La Kantera, la primera pista de Euskadi, y enseguida empezó a haber talleres de tablas y mucha gente joven se hizo con patines, tablas de surf, etc. Una de esas navidades, mis hermanos, Iker y Eneko, consiguieron una tabla y los tres empezamos a bajar con ella a la playa. Fue una experiencia mágica.

 

¿La competición nunca te llamó tanto como a Eneko?

Mis hermanos empezaron a despuntar enseguida. Yo estaba en aquella casa, llena de pronto de tablas de surf, y claro, todo lo que rodea a este deporte se convirtió rápidamente en una parte fundamental de mi vida. Me di cuenta de que era posible vivir de ello, pero yo no tenía el fuego de Eneko o de Iker, no era tan competitivo, así que me sentía a la deriva en el circuito mundial; me pagaban, pero no sentía demasiada motivación interna. De hecho, sigo sin tener ese estímulo especial que te lleva a competir. Para mí es sobre todo una cuestión de evolución personal, no me gusta mucho medirme con otros. Esto no quiere decir que no me encante seguir los campeonatos. (Risas)

 

Ahora muchos te envidiamos por poder recorrer el mundo surfeando.

Lo que he estado haciendo en los últimos años gusta a todo el mundo, y cómo no va a hacerlo: es la esencia original del surf y atrae hasta a surfers tan competitivos como mi buen amigo Aritz Aramburu. No obstante, la gente solo ve en las redes sociales la mejor parte, lo idílico de ir de un lado a otro con tu tabla, pero no sabe todo el esfuerzo que hay detrás y lo duro que puede llegar a ser. Hay que trabajar mucho para seguir viviendo de esto con 41.

Fotografía de Jon Aspuru

 

¿Piensas alguna vez en qué habrá después del surf?

A veces, la verdad. Querría seguir haciendo actividades que tengan que ver con la naturaleza y con el mar. Suelo salir bastante a menudo con el kayak, practico SUP, y me gustaría aprender a navegar —esto es algo que tengo pendiente desde hace unos años—. De todos modos, mi idea es alargar mi vida actual lo más posible, adaptando las tablas (la flotación da mucho juego) y cuidándome. Ya no uso las tablas que usaba con 22 y, sin embargo, me lo paso mejor ahora.

 

¿Qué tabla usas actualmente?

Depende de lo que vaya a hacer. Estoy preparando cuatro videotutoriales sobre tablas, hablando de anchuras, volúmenes y demás, para que la gente sepa con qué está entrando al agua y qué es lo que necesita. Yo siempre llevo un quiver de 5 tablas en el coche y, dependiendo de la ola que haya y de la maniobra que quiera llevar a cabo, escojo una tabla u otra. Mi favorita estos días es una Pukas Rayo Verde de 7’0” con dos quillas y una capacidad de elevación muy grande. Me lo paso muy bien con el twin fin en tablas relativamente largas.

 

¿Qué crees que es lo más importante, a nivel físico y psicológico, cuando vas a entrar al agua?

Como te comentaba, elegir la tabla adecuada es muy importante. Yo adapto las tablas a las circunstancias de las olas, porque en ocasiones no corren o corren demasiado, y eso puede acabar afectando negativamente a esa sensación tan especial de conexión con el agua. También es fundamental entender cómo se comporta el mar y escoger el momento para entrar. Y, por supuesto, no descuidar el trabajo físico, tener mucha constancia y muchísima paciencia —al cabo, el 90% del tiempo te lo pasas remando o sentado en la tabla—.

 

Por lo demás, no me mato en lo tocante a la dieta, aunque sí me preocupo de estar siempre suficientemente hidratado, ya que es fundamental para las articulaciones. Llevo una vida muy moderada: procuro dormir bien, caminar mucho, comer limpio y poco, tomar algo de fruta por la mañana… Todo esto contribuye a que te sientas mejor y puedas disfrutar más de cada parte de tu día.

 

El surf es cada vez más popular en Europa y otras partes del mundo. ¿Es un deporte para todos los públicos?

Lo que te da el mar al deslizarte por una ola por primera vez es algo increíble y entiendo que todo el mundo quiera disfrutarlo. Cualquiera puede pasar un buen rato iniciándose en este deporte, pero creo que hay que evitar que la popularidad del surf acabe dañándolo. Los que enseñamos a surfear deberíamos transmitir una serie de valores, las leyes no escritas del surf: cómo entender la conexión con el mar, cómo respetar el medio y cómo relacionarnos con él. También a respetar a los locales y sus hábitos cuando se está en el agua.

El océano no es solo un lugar de baño, sino un elemento muy importante para nuestro planeta que acoge en su seno ecosistemas extremadamente sensibles. Por eso hay códigos que deberíamos transmitir si queremos que el surf siga siendo una actividad sostenible. En este sentido, siento bastante envidia del mundo de la montaña, el cual siento que está mucho más conectado al medio y mantiene mejor esta filosofía. En el surf, mucha gente entra el agua, surfea, sale y se va. Pienso que es responsabilidad de todos dejar claro que la definición de lo que entendemos por un buen surfista no puede reducirse a una persona que se pone de pie sobre una tabla y coge algunas olas; hay mucho más detrás.

Fotografía de Igor Bellido

 

¿Cuál es tu ola favorita en cada parte del mundo?

En Europa, sin ninguna duda, Mundaka (con la que tengo una relación especial). En África, mencionaría Skeleton Bay, en Namibia; nunca he visto nada igual. De los distintos lugares de Asia en los que he estado, podría destacar Supersuck, en Sumbawa, Indonesia. En Latinoamérica, quizá Lobitos, en Perú, aunque no es fácil escoger. Por último, de Australia me quedaría con la legendaria Kirra.

 

¿Cómo se presentan los próximos meses?

Tengo muchos planes, van a ser meses intensos. Por un lado está el estreno de “La Isla de los Tigres”, un documental de Igor Bellido que rodamos en Angola hace un par de años junto con Aritz Aramburu y Natxo González. También quiero ir a Latinoamérica y hacer un viaje largo por África con algunos amigos. Si al final nadie quiere acompañarme, iré solo. En definitiva, voy a seguir haciendo esto que he hecho en los últimos 10 o 12 años; a veces miro atrás y siento que es un sueño. Viajar y conocer otros lugares me apasiona, y siento que aún tengo energía de sobra para continuar buscando olas por el mundo unos cuantos años más.

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Txema Sainz-Maza

Txema Sainz-Maza

Crecí en la playa y tengo fobia a pasar demasiado tiempo lejos del mar. El agua del Cantábrico me encanta hasta en invierno

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