descubriendo bretaña pt. 2

Alzamos la vista en busca de evasión y sosiego y Bretaña cobró forma ante nosotros como un leve soplo de vida capaz de brindárnoslo todo.

Allí vivimos sin otra preocupación que la propia vida. Observamos los cambios de humor del mar y del viento, le atribuimos formas humanas a las nubes, a los árboles, a las colinas… Y volvimos a casa con los pulmones repletos de aire puro y el espíritu sobrecogido ante la belleza atemporal de una costa que aún late.

A finales de invierno Bretaña puede resultar fría y desoladora. Precisamente en eso, en la devastadora rudeza de la incomodidad, encontré un oasis que me devolvió a la vida.  

Antes de este viaje yo no era más que un envoltorio de piel carente de fe, fuerza y forma porque el surf, que lo había significado todo, se reducía poco a poco a una gran mentira sin vuelta atrás. 

Actorzuelos esbeltísimos, hermosísimos, disfrazados de neo-jipis en torno a una hoguera pulcra con sus pulcras furgos, sus quivers, sus mascotas, sus hamacas, sus guitarras, sus cafeteras humeantes y un ‘yummy brunch’ coronando una mesa tan estudiada como un bodegón barroco. Todo(s) idílicamente dispuesto(s) frente al pico, a costa de arrasar duna, arena y dignidad. 

Las náuseas que sentía al ver toda esa mierda ya ni me abandonaban cuando cerraba los ojos. 

¿Qué me queda en la vida si dejo de tener fe en el surf a estas alturas? ¿Qué va a ser de mí si paso el resto de mi vida fingiendo?  Me sentía como un libro que se deja a la mitad pero que conservamos cerca por si retomamos la lectura en algún momento (un momento que no acaba de llegar). 

…Resulta tristísima la literatura dormida, al igual que la gente que se niega a despertar. 

En este contexto surgió el capítulo de un viaje extenuante, complicado, sacrificado… Pero gratificante; que me sirvió para despertar y volver a sentir la piel de gallina a causa del frío o de la inmensa dicha de flotar en medio un océano vacío. Qué sé yo… ¡Qué más da!

Por eso grito ahora: ¡despierta! Deja de ver el viaje como una breve elipsis teatral plagada de aventuras. 

Si cuando viajas buscas romper con tu vida, ¿quién viaja? ¿Quién vive la experiencia? ¿Tú o una caricatura de tu propia persona?

Esto no es un reportaje de surf sino un llamamiento a los que os sentís como miembros dispersos de una milicia derrotada por gentuza sin escrúpulos. 

A ti te digo ¡normaliza el viaje y el surf, hazlos tuyos! No vayas al agua persiguiendo a ciegas las pretensiones de otros. Ve tú, por ti y para ti. Concédele al viaje la estúpida esencia de un martes cualquiera y aprende, con paciencia, a extraer su belleza. Entonces, serás tú –y no un espejismo de ti- quien viva y aprenda de la experiencia, sin necesidad de clichés ni la presencia de un indeseable actor que se queda en paro cuando tú vuelves a la normalidad. 

Integra el viaje en tu vida omitiendo el paréntesis que supuestamente ha de existir entre ambos. Serás, como digo, igual de pobre e igual de feo, pero infinitamente más pleno.

Y es que el mundo no ha de ser como se nos dice dado que el bien y el mal, al igual la verdad o el éxito, son sólo puntos de vista, encuadres de un decorado sujeto por hilos muy finos, hábilmente dispuestos y que, por detrás, no es más que un gran artificio de cartón piedra. 

Por eso deberíamos ver (¡mejor mirar!) el mundo, el viaje y el surf bajo una perspectiva propia, fruto de la reflexión y del amor desinteresado. 

Se puede vivir al margen de ‘trending topics’, ‘followers’ o ‘influencers’. Al menos se puede intentar. Creo que merece la pena. 

Quizás, al intentarlo, observemos cómo una gran masa con una pantalla por ojos y el espíritu del tamaño de una almendra acude cegada a por su dosis de micro realidad empaquetada y distribuida por otros. 

Tal vez estés de acuerdo. Tal vez no. En todo caso aléjate, toma distancia y busca confort en lo incómodo, en lo frío, en lo remoto… Verás entonces que el aire deja de ser tan viciado y denso. Luego, seguro de tu respuesta, vuelve para rebatir cada letra de este texto. ¡Discutamos! …Acabaremos siendo amigos.

Si a ti también te hace vomitar la postal de anuncio que he descrito antes y prefieres otro tipo de postal, esa con las esquinas arrugadas y un sello lamido que le envías a tu abuela, en la que los renglones se mantienen rectos a duras penas, pero dejan entrever el auténtico vigor de la intimidad y del cariño sin artificios ni slogans… 

Si eres de los que emplea una leve sonrisa como moneda de cambio con el lugareño al que le has comprado el pan o empleas el sigilo y el respeto como única táctica cuando visitas un nuevo pico… 

Entonces todo esto habrá servido de algo: habrá logrado poner en contacto viejos miembros de una milicia hecha jirones.

Al igual que la sonrisa es un lenguaje universal interpretado de igual modo por cosmopolitas, indígenas y animales, la esencia de un comportamiento sigiloso obtiene el mismo efecto con los locales que han vinculado su vida a una ola o un pueblo, porque sigilo y simpatía empiezan por la misma palabra. Respétalos y no lo conviertas todo en un puto spot publicitario que deja de tener sentido en cuanto los memos cambian de canal. Verás cómo eres tú quien sale ganando. 

Cuanta menos gente, menos sombra.

BLOOOD!

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