5 minutos con Anton Carus

Anton ha estado ahi desde el principio, ha visto evolucionar el surf y todo lo que lo rodea. Ahora detrás del objetivo nos comenta cómo empezó su relación con el mar y cuál es su vision del surfing.

¡Buenas Antonio! Es un enorme placer para nosotros tenerte hoy en Margruesa ya que hemos entrevistado a muy pocas personas con más bagaje que tú en el mundo del surf. ¡Cuéntanos qué tiene de mágico para ti, que ha logrado mantenerte vinculado a él desde los años 70!

Mi primer contacto con el surf fue sin querer, como cuando conoces a una persona que en principio no te llama la atención pero a medida que la vas descubriendo mas te enamora. Había hecho skate con los primeros Sancheski y conocía el surf de haberlo visto en alguna revista. Mi primo Rolan Azcorra hacía surf y me regaló una tabla Santa Marina que posteriormente derivaron en las Jerónimo y fueron las primeras tablas que se fabricaron en España. Al principio era un juguete más y solíamos ir a intentar surfear en verano ya que no había trajes e incluso amarraderas. La palabra “invento” yo creo que nació del primero que se le ocurrió atarle un cabo a la tabla y a un calcetín anudado al tobillo para evitar que te hagan daño los tirones y no tener que ir a buscar la tabla a la orilla cada vez que ibas a coger una ola. Al año de empezar con el surfing surgieron las primeras tablas de windsurfing y aquello fue realmente lo que me enganchó y me hizo meterme de lleno en el mundillo del surf.

Había navegado y corrido regatas de vela en la clase crucero y me fascinó el poder navegar uno solo con una tabla y una vela. Llegué a participar en las primeras competiciones que se hicieron en Euskadi como el Campeonato Bitter Kas e incluso en el Campeonato del Mundo de Windsurf División II, que eran los bólidos de competición en aquellos años con el equipo de tablas francesas Sainval. Pero seguía teniendo el gusanillo de las olas y empecé a intentar hacer ambas cosas y de fabricarme mis orzas de tormenta o acortar tablas de serie para olas, termine en Banana Custom fabricando tablas en 1980.

Los primeros años fabricando tablas era un reto constante y mas complicado que hoy en día. Los primeros foams los comprábamos a Barland en el sur de Francia, eran unos bloques de poliuretano y habia que cortarlos por la mitad y meterles el alma porque no tenían alma. Recuerdo la anécdota de que había que plastificarlo lo antes posible una vez shapeado, porque si lo dejabas un tiempo el foam seguía expandiéndose por algunas zonas. Lo apasionante de los comienzos siempre es ir descubriendo nuevos materiales y técnicas nuevas en la fabricación. Pronto empezaron a llegar los primeros Clark Foam, las pinturas fosforito Magic Touch, los microbalones, fibras de todo tipo y un nuevo mundo empezaba para todos los que nos metimos en aquella aventura de la fabricación.

 

Preguntarte en qué medida el surf ha cambiado a lo largo de estas décadas sería algo obvio y una cuestión demasiado amplia. Sin embargo, sí nos gustaría que mencionases alguna transformación concreta que te haya marcado, ya sea a nivel técnico, mediático, comercial…

El cambio mas brutal que ha dado el surfing es el concepto que se tenía del surf y los primeros surfistas a lo que es hoy en día, un deporte olímpico y con una industria que mueve millones de euros en todo el mundo. En los primeros años del surfing, se le relacionó con el movimiento hippy y las drogas y actualmente es un deporte reconocido donde hay muchos profesionales que viven de ello, tanto surfistas como entrenadores, escuelas, tiendas de surf, etc.

 

Otro aspecto determinante en tu vida ha sido la decisión de abandonar Euskadi e irte a Lanzarote allá por el ’87. ¿Cómo ha sido tu experiencia en Canarias, un entorno tan diferente a tu Bilbao natal? ¿En qué medida la isla, su escena y su esencia ha ido cambiando?

Imaginamos que ese contraste ha influido profundamente al Antonio de la actualidad.

Venir a Lanzarote cambió mi vida, en Bilbao además de trabajar con Banana y Styling Surfboards, hice algunas cosas con Surfing Leioa de Jose Ignacio Zarza, ambos eramos parte de aquel grupo pionero de windsurfistas, tenía mucha amistad con él y me animó a ir Lanzarote donde empezaba un nuevo proyecto, había abierto la primera tienda de surf en la isla y estaba construyendo un complejo hotelero pensado para el turismo náutico. En 1987, empecé a fabricar las primeras tablas “conejeras” que se llamaron Olita. El Lanzarote que conocí ha ido a la par que el surfing, jejeje masificándose, sigue teniendo su encanto pero ha perdido mucho de aquel paraíso que conocimos hace mas de treinta años, cuando había muchos parajes casi vírgenes o la isla La Graciosa no tenía coches y solo había un camión que lo mismo llevaba la basura, el pescado o te llevaba en el volquete a surfear a el Corral. Lo que empezó como una aventura acabó siendo mi hogar, era el único Carús en la isla y ahora somos cinco Carús, mis dos hijos y mis dos nietos.

Alvaro por Anton Carus
Alvaro por Anton Carus

 

40 años después ahí sigues, al pie del cañón. O mejor dicho, tras un cañón fotográfico, jajaja.

¿De qué modo la fotografía te ayuda a mantenerte unido al surf y qué te resulta más interesante a la hora de inmortalizar todos esos momentos?

La fotografía en Lanzarote ha servido para reinventarme, en mis primeros años en la isla todos me conocían por mis tablas, pero tuve unos años que me desconecté del surfing, me empecé a preocupar por mi salud, las producciones de tablas eran ya considerables y tantas horas glasseando me empezaron a preocupar. Llevaba entre Bilbao y Lanzarote cerca de quince años haciendo tablas y recuerdo una noche que mi novia me dijo que mi aliento olía a poliester, aquello me marcó, a pesar de los extractores y la máscara de gases siempre te entra algo y más en estos climas calurosos que da la sensación de que te entra más el olor.

Empece a trabajar de guía haciendo excursiones turísticas por Lanzarote y Fuerteventura y durante unos años me desconecte del surf. Había sido uno de los fotógrafos pioneros en Euskadi y cuando surgieron las redes sociales, me parecieron un escaparate estupendo para enseñar mi trabajo así que retomé la fotografía de surf. Cuando volví, las nuevas generaciones de surfistas ya no me conocían y ahora por mis fotos me conocen todos otra vez, los más viejos me recuerdan por las tablas y los jóvenes por las fotos.

Gracias a las fotos me he hecho un hueco entre ellos, las fotos y el surf son dos hobbys importantes en mi vida, disfruto haciéndolo y es mi pequeña aportación para ayudarles en su promoción como deportistas, tanto a ellos como a las marcas que les ayudan. A cambio, además del cariño o el reconocimiento que me expresan, detalles como alguna entrevista, alguna foto que se hace viral o regalos que me ha hecho alguna marca de surf, etc son los que te empujan a seguir al pie del cañon.

 

La foto siempre ha sido testimonio de los grandes momentos de nuestro deporte, muchos de los cuales han formado parte de las páginas de míticas revistas.

¿Qué te hace sentir este paso que estamos viendo del papel a lo digital? ¿Crees que se está empobreciendo el papel de la fotografía ante unas plataformas que nos inundan de imágenes que cada vez olvidamos con más facilidad?

El mundo digital ha cambiado todo y sobre todo a la hora de consumir información. Ya queda muy lejos cuando abrías el último número de una revista de surf, era como abrir una caja de sorpresas, le echabas una ojeada rápida para ver los fotones que tenía y luego te la releías cuarenta veces hasta que salía la próxima. Hoy, en pocas horas tienes mil fotos de cualquier acontecimiento o incluso muchos de ellos se pueden ver en directo a través de internet. Da tristeza que vayan desapareciendo cosas icónicas como por ejemplo la revista Surfer Magazine, pero es ley de vida y el mundo digital ha cambiado la manera de informarnos y la prensa cada vez esta más digitalizada, al igual que los libros, la música, etc Tal vez vuelvan a salir números esporádicos para los nostálgicos, al igual que están volviendo los discos antiguos de vinilo.

Vilayta por Anton Carus
Vilayta por Anton Carus

 

La otra cara de la moneda de nuestra industria quizás sea el mercado de tablas, otro aspecto al que estás íntimamente ligado. Cada vez hay más marcas investigando nuevas formas con más materiales.

¿Qué opinas del mundo del shape actual? ¿Tontadas nacidas del marketing o realmente hay innovaciones coherentes y capaces de marcar una nueva era técnica en el surf?

La fabricación de tablas de surf ha variado muy poco como producto final, como la tabla en sí. Lo que si ha cambiado ha sido la manera de fabricarlas sobre todo por las máquinas de shape y las quillas desmontables. Hay algunas marcas que tienen un proceso mas industrial que artesanal por el sistema de fabricación y el uso de materiales mas biodegradables “entre comillas” o los chinos haciéndolas como churros.

El marketíng ha cambiado también la manera de fabricar en serie. Se siguen haciendo tablas a medida, pero muchas marcas apuestan por diseñar varios modelos, los bautizan con un nombre y las fabrican en serie. La formas de las tablas no han cambiado, lo que ha cambiado es la forma de surfear y ahora se surfea con las tablas mas pequeñas que antaño para el mismo tipo de ola. Incluso se están recuperando formas de antaño como las tablas anchas twinfin, etc. Ahora también hay mas consumo de tablas, de tener una o dos a lo máximo, ahora muchos tienen verdaderos quivers y esto da paso a que surjan tablas fuera de lo común o muy específicas para una ocasión concreta.

 

Dada la limitación de materiales, tecnología e información que había antes, imaginamos que vosotros investigabais por vuestra cuenta y el proceso del shape era, más bien, ensayo y error. ¿Qué suponía hacer tablas allá por los 80’s? ¿Cómo os las ingeniasteis para pulir vuestra técnica y estar a la vanguardia de los nuevos diseños?

Las tablas de surf en general siempre han seguido mas o menos el mismo patrón desde aquellos primeros años, en cambio las tablas de olas de windsurf siempre han ido probando cosa nuevas. En los años 80s nosotros hacíamos ya tablas de windsurf asimétricas, de doble canto o canto biselado, experimentábamos con todo tipo de cóncavos, con carbono o kevlar glaseadas al vacío, etc.

 

Cuando vemos las pelis de Bruce Brown o a Gerry Lopez bajando a Uluwatu allá por los 70’s, nos cuesta ubicar ese mismo deporte en una piscina de olas artificiales o formando parte de unas olimpiadas. Y sin embargo…. Aunque la esencia siempre sea irte de viaje con unos colegas, esta es una nueva realidad innegable. ¿Qué piensas acerca de ella?

Las olas artificiales me parecen un buen invento para que mucha gente aficionada a este deporte y que vive lejos del mar puedan practicar el deporte que mas les gusta. De momento son prohibitivas para la mayoría, pero a medida que vayan evolucionando seguro van abaratando costes. También se están haciendo populares las piscinas que producen una ola estática basada en la corriente del agua, son muy asequibles para el gran publico como la City Wave de Munich y donde grandes surfistas como Rosina Neuerer o Valeska Schneider pueden entrenar cuando están en su país y no están de gira compitiendo.

Franito por Anton Carus
Franito por Anton Carus

 

En una entrevista, hacías referencia a lo que supone para ti la comunidad surfera de antaño en relación con la escena actual. En ambos casos, señalabas que los surfistas somos una especia de gran familia variada. ¿Sigues manteniendo esa opinión?

Dada la gigantesca expansión de nuestro deporte en zonas como el norte o Canarias, ¿crees realmente que podemos seguir hablando en términos de ‘familia’ o ‘comunidad’?

En todos los comienzos de cualquier actividad siempre hay un ambiente de camaradería, a medida que se va masificando va desapareciendo esa unión de gran familia y se va dividiendo en grupos. En los primeros años del surf, el colectivo era muy pequeño y todos se conocían, a medida que fue creciendo fue dividiéndose en diferentes tribus, como los de Sopelana, los de Bakio, Zarautz, etc, hoy en día con 90 surfistas en el pico de Mundaka nadie tiene amigos cuando entra la serie, jejeje. Aquí en Lanzarote todavía conservamos en general ese ambiente familiar, al ser una isla pequeña y no tener una masificación importante, sigue imperando el buen ambiente y todo el mundo se conoce. Hay diferentes grupos como son los veteranos, tamañeros, la cantera de chavales, etc y en general hay buen rollo incluso con surfistas de otras islas o surfistas de élite que suelen venir a la isla, cuando hay buenas previsiones de olas como por ejemplo un buen Quemao. Mas difícil lo tienen los surfistas anónimos que vienen de fuera a surfear, pero por lo general si entras al agua con respeto no hay problema con los foráneos y en la isla hay muchos picos sin necesidad de ir a los de más localismo.

Manuel Lezcano por Anton Carus
Manuel Lezcano por Anton Carus

 

¡Pues esperamos que aún tengas motivación para rato, Antonio! J

Lo dicho, ha sido un placer con mayúsculas pasar este ratito contigo. Si quieres cerrar diciendo algo…

 

«Quiero dedicarle esta entrevista a mi viejo amigo Tato (J. Antonio Bustamante Ugalde) que falleció el pasado mes de Octubre. Juntos empezamos en Lanzarote

aquella aventura de ser los primeros fabricando tablas y aunque el regresó posteriormente a Bakio, siempre quedó entre nosotros una amistad de por vida».

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Gran maestro de la fotografia , un fuerte abrazo maestro

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