El músico, que sufría un severo síndrome maniaco-depresivo desde hacía años, tenía un miedo patológico al mar, apenas sabía nadar y jamás se había subido en una tabla de surf.Fue presionado para que aceptase la humillación por su familia y el resto del grupo, empeñados en vender la campaña “Brian Is Back!” para que la caja registradora volviese a contabilizar ingresos.