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La cosa cambiaba bastante cuando se quedaba el viento y el mar subía un poco. Multitud de picos por toda la playa y sólo unos pocos afortunados en el agua. Foto: Irene Suárez

Pablo Montero por dentro en uno de los mejores días. Foto: Irene Suárez

Lalo Díez, de Vigo, subió a visitar a su hermano Álex unos días y se terminó quedando casi dos semanas. Puede que “Palmeritas” tuviese algo que ver… Foto: Irene Suárez

En varias de ellas las olas apenas llegaban al medio metro y el viento no era el óptimo pero la ola seguía siendo súper maniobrable. Pablo Montero sacando el tail. Foto: Irene Suárez

Mismo momento con un encuadre diferente. Foto: Helena Calvo

Con Lalo también subió Pablo Prego. Que se puso morado a derechas como ésta. Foto: Irene Suárez

Los dos Pablos y Lalo después de otro duro día en la oficina. Foto: Irene Suárez

No está mal tener esta ola a media hora de casa funcionando todos los días en casi todas las mareas no? Pablo Montero parece contento.

La última sección era perfecta para practicar aéreos. Pablo Montero. Foto: Helena Calvo

Por si las olas, el agua templada y la poca gente en el agua fuese poco; los atardeceres tampoco estaban nada mal la verdad. Pablo Montero botoneando con los últimos rayos de luz y las Islas Sisargas de fondo.  Foto: Helena Calvo