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Polémica desde Teahupoo

A raíz de la serie de situaciones vividas hace unas semanas, en las que el elevado número de embarcaciones en el canal ponía en riesgo la salida de la ola por parte de los surfistas, las autoridades han tomado una decisión que no es del gusto de todos y está dando qué hablar.
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Lo cierto es que en los últimos años hemos visto cómo el número de embarcaciones en el canal de Teahupoo ha aumentado considerablemente hasta alncanzar cifras casi ridículas. El ‘ansia’ por sacar la foto u obtener ‘el clip’, ha propiciado que barcas con fotógrafos, filmers, surfistas o simplemente espectadores aumentaba, hayan hecho colpsar en tráfico en el canal de la icónica ola tahitiana con la llegada de cada swell. 

Tal es así, que la cosa ha trascendido al mero ‘colapso visual’ llegando a poner en riesgo la finalización de la ola, la cual, en los días grandes, como todos sabéis, sólo brinda dos opciones: o salir disparado hacia atrás nada más salir del tubo o bien comerse un mortífero cerrote contra el reef. Si bien en la primera opción ya te la juegas, la segunda es sencillamente kamikaze.

 

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El caso, como decíamos, es que ante el aluvión de embarcaciones muchos surfistas no podían salir de la ola con seguridad, viéndose forzados a esquivar barcas y ‘taxis’ y motos de agua que aglutiban a decenas y decenas de fans y profesionales del sector en apenas unos metros cuadrados.

 

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Algo parecido ocurría también hace unos años en Nazaré con la llegada de cualquier swell masivo, un hecho con tal poder de congregación en el agua (con motos de agua y equipos de tow-in) y en el famoso acantidalo (donde prácticamente no cabía otra persona más y no había más opción que aparcar el coche en el quinto pino), que este mismo de debate de regular la afluencia fue llevado hasta las autoridades locales.

Josh Humbert, fotógrafo profesional polinesio expresaba lo siguiente en sus Redes Sociales:

“¿El fin de una era? La Gendarmería Nacional ha prohibido hoy por completo el seguimiento del surf y la práctica de este deporte. Han sacado a @ned_hart y @alldaycortez de una sesión en unas condiciones que no podían ser mejores.

La zona ideal para tomar fotos desde una embarcación es muy estrecha y probablemente no tiene capacidad para más de dos barcos. Entre seis y diez han intentado meterse a la fuerza y simplemente no hay sitio (…). La semana pasada, un surfista visitante chocó contra el motor de una embarcación de un operador de taxis acuáticos.

Entonces, ¿cuál es la solución? Los conductores de los barcos-taxi culpan a los barcos de los medios de comunicación, y estos culpan a los de los barcos-taxi. Los fotógrafos acuáticos, que son los más vulnerables, culpan con razón a todos los barcos.

El diálogo y el consenso son la única forma de desenredar esta situación. Es necesario establecer una zona bien delimitada (con boyas). A partir de ahí, hay que decidir quién ocupa el mejor sitio y durante cuánto tiempo, hasta que tenga que cederlo al siguiente barco. En fin, solo es mi humilde opinión. Odio las normas más que nadie, pero hay que resolver esto.”

Como vemos, la situación ha llegado a un extremo en que afecta a la seguridad de quienes están en el agua y, una vez más, deja de manifiesto nuestra incapacidad para hacer crecer algo de forma sostenible, organizada y sentasata.

Parece que cada vez que tenemos un suculento pastel frente a nosotros, luchamos por devorarlo hasta la última migaja, sin pensar incluso en la consecuencias. 

¿La moraleja de todo? Pues que somos nosotros mismos como fans (nos quedamos sin disfrutar de imágenes), como surifstas (nos quedamos sin poder disfrutar tranquilamente de ciertos spots) y como viajeros (nos quedamos sin acceso a ciertas experiencias), los que pagamos las consecuencias de nuestra propia glotonería.

Esperamos que este debate se zanje de forma cabal y sensata y que, lejos de limitar la increíble experiencia del surf en una de las olas más bonitas e icónicas del planeta, sirva para recordarnos lo precioso de nuestro deporte y lo frágil de su ecosistema, abriéndonos los ojos ante un hecho que no resulta aislado y está sucediendo, cada vez más, en diferentes partes del mundo.

Hagamos crecer el surf, pero hagámoslo de forma razonable y sostenible.

 

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