LO QUE DARÍA POR…

¡Lo que darías por poder ir a darte un baño! ¿Verdad? Pues antes, muchos de nosotros podíamos hacerlo a menudo. Hasta llegó un punto en que lo dábamos por hecho y no lo valoramos. Es más, incluso salíamos puteados del agua si no nos cuadraba la bomba de la serie o, más tarde, veíamos en Instagram que en tal sitio había estao mejor.
Foto @antonio_bretones

¡Lo que darías por poder ir a darte un baño! ¿Verdad? Pues antes, muchos de nosotros podíamos hacerlo a menudo. Hasta llegó un punto en que lo dábamos por hecho y no lo valoramos. Es más, incluso salíamos puteados del agua si no nos cuadraba la bomba de la serie o, más tarde, veíamos en Instagram que en tal sitio había estao mejor.

No teníamos tiempo para sentarnos a tomar un café con los colegas ni mucho menos encontrábamos el momento de ir a ver a nuestros mayores. Todos estos ejemplos, ahora distantes, estaban antes al alcance de nuestra mano y ni siquiera nos percatábamos de ello. Ahora daríamos algo por gozar tranquilamente de un solo instante que, pese a parecer remoto, forma parte de nuestro pasado (y presente) más inmediato.

¡Qué caprichosa se vuelve la percepción cuando se ve alterada por algo que no entraba dentro de nuestros planes!

Nos quejamos porque las horas pasan lentas en casa y los días se hacen interminables. Las horas siempre han transcurrido al mismo ritmo. ¿No seríamos nosotros los que estábamos yendo demasiado rápido, distorsionando la percepción del tiempo? Quizás esto explicaría por qué los días no nos daban para nada: porque no los empleábamos en nada personalmente enriquecedor.

Está claro que nadie quiere vivir una situación así, pero ya que nos toca padecerla a todos, ¿no haríamos mejor en intentar sacar algo positivo con el fin de salir de la cuarentena mejor de cómo entramos en ella?
Una situación así debería hacernos reflexionar, ya no sólo a nivel individual de valorar tus baños y visitar a tu abuela más a menudo. Si no a un nivel más global que ponga en tela de juicio el rumbo (sin rumbo) que estaba tomando nuestra sociedad.
Si echamos la vista atrás durante los últimos meses, lo único que ha ocurrido es que Amazonas ardía, luego Australia, luego la Antártida se quedaba sin nieve y ahora ésto. Es decir, cuatro catástrofes a nivel global que, dada su magnitud, se fueron eclipsando unas a otras.
¡Eso es inédito en la historia! No se le hubiera ocurrido ni al peor guionista. Y sin embargo aquí estamos, tú leyendo esto y yo escribiéndolo. Ambos encerrados en casa.

Volviendo al inicio y al margen de demagogias baratas o lecciones sensibleras, este encierro que ha reducido nuestra vida al ciclo más primitivo al que nos hemos sometido en los últimos tiempos: domir, comer, pensar, aburrirnos… Debería servirnos para conceder la importancia que se merece a las pequeñas cosas, a las que realmente nos definen como individuos y, supuestamente, como una sociedad avanzada y civilizada. Cosas que albergan una esencia propia, que no dañan y nos hace mejores porque conllevan un bienestar personal que se transmite. ¡Eso sí sería un buen contagio!

Las olas, el monte, una birra con quien quieres, una llamada o una visita a tiempo, un simple paseo… Levantar el pie del acelerador.
Nada de eso cuesta demasiado dinero. Nada de eso corrompe ni contamina. Por el contrario, todo es beneficioso y cura.

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Legi

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"Llanero solitario" desde la Asturias más profunda. Lo que lee, lo que escucha y en definitiva lo que le interesa tiene siempre un toque oscuro y melancólico..pero no te dejes engañar, casi siempre tiene una sonrisa en su boca. Apasionado del diseño, del cine, la fotografía y la lectura, pero sobre todo del surfing. No compite porque se la sopla, pero bien podría hacerlo. Sponsors: Watsay, Globe, Nche y Deflow.

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