Andy Criere en Nueva Zelanda

Terminada la etapa Australiana llegó el momento que tanto deseaba desde hacía mucho tiempo, regresar al lugar donde competí por primera vez a nivel internacional en el 2010, Nueva Zelanda ! Diez años después de aquella experiencia inolvidable compitiendo en los World Junior Surfing Games de la ISA pude volver a la Playa de Piha, donde se celebraría el segundo Challenger Series del año.

Para mi asombro, el paisaje seguía siendo idéntico a cómo lo recordaba y me invadió el mismo sentimiento de fuerza que transmite el lugar con solo mirar al mar. Recuerdo estar disfrutando de esta primera visión desde la duna cuando empezaron a sonar los móviles de todos los surfistas allí presentes… nos llegó una noticia muy importante de la World Surf League: el Challenger Series de Piha Pro quedaba pospuesto hasta nuevo aviso por las medidas contra el Covid-19. El primer pensamiento fue: “no me lo puedo creer”, y en la siguiente media hora estábamos todos dispersos, sin saber cómo reaccionar. Por suerte, el mar estaba de nuestro lado y decidimos ir a surfear para poder pensar un poco mejor.

 

Las olas estaban perfectas, metro y medio offshore con largas derechas y un día espectacular. Desde el pico, giré la cabeza hacia el paisaje y me sentía tan agradecido por estar ahí al margen de todo lo que estaba pasando que mi decisión fue quedarme y aprovechar al máximo ese viaje.

 

 

 

Me acogió un grupo de lo más diverso en cuanto a nacionalidades formado por Pauline Ado, Remi Blanc, Tristan Guilbaud, Ellie Brooks y Paige Hareb que también tomaron la decisión de quedarse. Estábamos todos de acuerdo en que aquella situación nos daba la oportunidad de disfrutar de un surf-trip en una de los mejores destinos del mundo para ello. Empezamos a mirar los partes de los siguientes días y nos alegramos todos (incluso los regulars) cuando vimos que tendríamos olas en Raglan! Raglan es una pequeña ciudad al oeste de Hamilton. Es muy conocida entre los surfistas por sus izquierdas de calidad mundial y las playas de arena negra volcánica. Aprovechamos el mejor momento del swell y cuando bajó el mar una amiga de Paige nos llevó a un lago en el que pudimos hacer wake-surf! Fue todo un show… nos quedamos a cenar allí por todo lo alto y por la noche nos llevaron a ver unas paredes llenas de luciérnagas desde una barca. Fue todo un espectáculo verlo.

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Después de todo esto decidimos movilizarnos a la costa opuesta para surfear una ola a la que solo se puede llegar mediante moto de agua o barco cerca de Mount Maunganui. El parte no era muy claro así que no sabíamos cuánto mar entraría finalmente pero decidimos jugárnosla… amanecimos allí y aunque no había el tamaño que esperábamos para hacernos unos tubazos, vimos el gran potencial que tenía esta ola, comparable a La Graviere o Supertubos un día bueno. Aún y así nos divertimos mucho en un metro muy juguetón en compañía del local y mejor persona Kehu Butler.

No os voy a mentir… llegados a este punto del viaje las noticias que me llegaban desde casa con respecto a la situación y propagación del virus eran desoladoras…  así que lo único que quería era poder llegar a casa antes de que me cerrasen las fronteras para estar cerca de los míos. Fue una odisea planear el viaje de vuelta pero con suerte y un poco de ayuda conseguí llegar a mi casa sano y salvo y habiendo disfrutado al máximo de un surf trip inolvidable en muy buena compañía.

 

Os dejo un pequeño vídeo del viaje “Unexpected Journey in NZ”.

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