Su pase a la siguiente ronda depende el billete de avión o la estancia en el hotel. Por eso luchan, gritan y hacen claims.

Está claro que Fabio Gouveia o los hermanos Padaratz hicieron algo de ruido en su día y, aunque hubo más compatriotas suyos en el tour (Raoni Monteiro, Guillerme Herdy, Armando Daltro…), todas las apariciones fueron fugaces y casi inadvertidas. De ahí que a todos se nos vengan Curren, Carroll, Kong, Kelly, Andy, Bruce,… etc, etc. Es decir, cada uno un nombre histórico y todos ellos anglosajones.

Pues bien, nos guste o no esto ha cambiado. De hecho la ‘Brazilian Storm’ no se trata de un nubarrón pasajero sino de un auténtico cambio climático que ha aparecido para quedarse. Y no estamos hablando sólo de Medina, Adriano, Italo, Ibelli, Pupo, Wigolly, Jadson Andre… Sino de todo lo que aún está por venir.

Ya cuentan con dos campeones del WCT: Adriano y Medina, dos surfistas muy diferentes pero con un factor en común, el incansable trabajo y una casi desmedida ambición. Muchas veces los medios, y en especial los anglosajones, hemos sido injustos con ellos. Han corrido ríos de tinta donde la envidia, el racismo y el aire de superioridad han sido omnipresentes, pero nadie puede negar la legitimidad de sus campeonatos.

La nueva tormenta

Para empezar, esta temporada ya se han clasificado cuatro nombres nuevos de cara al CT 018. En concreto son Jesse Mendes, Tomas Hermes, William Cardoso y Yago Dora. Aún permanecemos a la espera del Pipe Masters, de cuyos resultados depende que el número de brasileños pueda aumentar ya que prácticamente el 50% del top 30 ‘QS es brasuca. Es lo que hay. Han llegado para arrasar y quedarse. ç

Y, ¿por qué está sucediendo ésto? Naturalmente todo responde a un motivo y, en este caso, tal ascenso meteórico podría achacarse a varias causas.

Si te paseas por San Clemente o Coolangata, no es extraño ver al típico chavalín que apunta maneras con la tabla plagada de pegatas pese a tener aún los dientes de leche. Esto puede favorecer que el chaval se acostumbre mal, se acomode y no sienta la necesidad real de darlo todo. Al fin y al cabo ya cuenta con apoyo, cierto reconocimiento y un cheque mensual, no desmesurado pero sí cómodo, por surfear a la puerta de casa.

Por contra, la vida de un surfista profesional con dicha perspectiva es muy corta (salvo contadas excepciones) y este mundillo es igual de despiadado a la hora de dar una patada en el culo a quien aún no ha cumplido los 30 y su mejor puesto en el QS ronda el 70. De ahí que ese prodigio prematuro hoy ande repartiendo pizzas por el vecindario.

Bien, si traspolamos ese caso a un país como Brasil… La cosa cambia. Ahí ya no llueven apoyos ni cheques, con lo cual el que quiera salir ahí fuera a triunfar… ha de ser a base de pelear y luchar.

Y precisamente, sacarse las castañas del fuego es algo a lo que los brasileños están acostumbrados pues llevan muchos años moviéndose a lo largo de todo el globo y encima lo hacen en grupo, con conciencia de equipo, ayudándose y animándose en lugar de ir a lo suyo o de forma aislada. Es decir, forman piña y se hacen oír. Y esto es algo que podrá corroborar cualquiera que se haya movido un poco por ahí.

¿El resultado de todo ésto? Lo tenemos ante nosotros.

Una generación que le ha comido la tostada al resto de generaciones, nos guste o no. Gente hambrienta de triunfo, con o sin apoyos (a veces apoyos locales en el mejor de los casos), con o sin estilo, y de cuyo pase a la siguiente ronda dependa el billete de avión o la estancia en el hotel. Por eso luchan, gritan y hacen claims.