Lo que nos parece más cuestionable en este caso es que se alardee de ello en redes sociales.

Niños que crecen con la gloria, pero que acaban siendo manipulados y víctimas de su propio éxito. No queremos decir que a Tyler Purcell le vaya a ocurrir esto, pero opinamos que quizás esto de los niños esponsorizados se esté yendo de madre.

Bueno, el caso es que este niño de 5 años ya tiene sponsor. Muchos pensaréis, ¿y a mí que coño me importa?. Puede que nada, lo mismo que a nosotros. Pero mirando un poco más allá y reflexionando sobre el asunto… La verdad es que la movida tiene bemoles, no me jodas.

Y tiene bemoles por lo rídiculamente precipitado que resulta.

Para empezar, un niño de 5 años que apenas ha aprendido a caminar o hablar hace 4 días como quien dice, no debería tener aún estas mierdas en la cabeza. De hecho debería limitarse a jugar y observar el mundo de una manera despreocupada e inocente para aprender de él poco a poco. Con esto no estamos diciendo que la culpa sea del crío.

Una gran parte de la culpa la tienen los padres, que o bien reviven a través de su hijo el sueño frustrado de ser pro, o bien le contaminan con historias que, sin ser malas, sí le pillan un pelín pronto. Hablamos de todo lo que envuelve al universo de ‘la pegatina’, es decir, egos, presión, estatus, padecer el San Benito de ser una joven promesa o copar el centro de todas las miradas…

No conviene obviar la parte de culpa que tiene el sponsor en cuestión. Que si bien ya ha conseguido colar un vídeo chorras del que se escriben artículos, sí resulta un tanto precipitado e incoherente.

Supuestamente un sponsor colma los logros de ese deportista en cuestión, a través de cuya personalidad-carisma-entrega-rollo-estilo… (Llamadlo ‘x’) ponemos cara a la marca y, con ello, la vamos dotando de cierta identidad corporativa. Pues bien, teniendo en cuenta esta premisa universal del marketing… ¿Qué coño pinta un niño de 5 años en tu equipo? Una cosa es apoyar la proyección de una futura promesa, y otra bien distinta es hacer pro a un crío de guardería. Cierto es que la marca en custión no deja de ser una pequeña tienda de surf, pero lo que nos parece más cuestionable en este caso es que se alardee de ello en redes sociales.

¡Ay! ¿Dónde han quedado aquellos teams noventeros plagados de carácter y personajes plagados de historias? Y nosotros aquí, paradójicamente alimentando esta mierda.

El caso es que en la vida hay tiempo para todo y cada etapa tiene su ritmo, su tempo. Con lo cual resulta absurdo ejercer una presión tan temprana en alguien que todavía se está formando y, sin voz ni voto, curiosamente ya tiene pegatinas.