“Si eres surfista seguro que vas mucho a Tarifa…”

El caso es que mucha peña debe ver nuestro deporte como un asunto de héroes románticos en lucha constante con la naturaleza, o algo así. A eso hay que sumarle la imagen de tipos molones, aventureros y amantes de la libertad que nos ha ido proporcionando la publicidad.

… O por ahí deben ir los tiros, vaya…porque, ¿cuántas veces nos hemos cruzado con un conocido y nos ha soltado “…Pues ayer echaron algo de surf por la tele y me acordé de ti. Me quedé viéndolo y… ¡Madre mía qué olas! ¡Qué bonito! A mí me encantaría poder hacer eso. A ver si un día me das unas clases”.

Y si no es eso, es otra parrafada del estilo: “Vimos en el telediario unas olas de diez metros en Nazare. ¡Qué miedo! ¿A vosotros no os asustan esas olas? ¡Hay que tener valor!”. Y tú pensando por dentro: “Joder si soy un puto matao”

Y como no , el clásico ““Si eres surfista seguro que vas mucho a Tarifa…”

Otro rasgo que nos aleja del común de los mortales y nos sitúa en un olimpo reservado a unos pocos es “la famosa coletilla”. Si bien los fontaneros o los que juegan a la petanca tienen primos “sin más”, indignos de una presentación personalizada y aristocrática, los surfistas sí poseen ese estatus especial compartido únicamente por los músicos y los artistas y los personajes de “El Señor de los Anillos”.

De esta manera, ¿quién de vosotros no ha sido presentado como: “este es mi primo, el surfista”.

¿Por qué nos acompaña esa coletilla?. No se sabe. ¡Jamás se sabrá! ¿Os imagináis ésto: “este es mi primo, el exterminador de termitas”. Con todos nuestros respetos hacia el gremio profesional de los insectos, esa coletilla ni pega, ni ‘mola’ y más bien parece una broma. En cambio “el surfista”, al igual que “el músico”, “el artista” o “hijo de Arathorn” nos eleva a una categoría, puede que no superior, pero sí digna de mención.

Bueno, el caso es que desconocemos el motivo de todo ésto y tal vez sea demasiado tarde para descubrirlo. Puede que todo se deba a la imagen antaño importada del californiano fibrado y rubio, a Bodhi, el de “Le Llaman Bodhi” o a la cantidad de pintamonas sonrientes y bronceados que sujetan tablas en carteles, folletos, flyers o anuncios de verano en Antena 3.

Sea como sea, tanto tú como yo, surfistas, no nos queda otra que seguir sometidos al yugo del cliché mientras el mundo gira, la marea sube y nuestra cabeza va a lo suyo: todas esas olas que nos quedan por coger al margen de noticieros y anunciantes.