Jesús Busto surf

Jesús Busto

Mi idea inicial era que diese lugar a un libro, pero el Museo se ha adelantado.

¡Buenas Jesús! Madre mía, sabemos que estás detrás de tantos proyectos que no tenemos claro por dónde empezar.
Bueno, para comenzar la casa por el tejado, cuéntanos un poco acerca del último: El Océano Surf Museo de Valdoviño. ¿De qué va todo eso? ¿Quién está detrás?

Para ir a la génesis del proyecto la verdad es que habría que remontarse a muchos años atrás. Pertenezco a un Club, el Océano Surf Club, que fue el primero que se fundó en Galicia en 1988. Varios de los miembros fundadores del Club, Vicente Irisarri, Carlos Bremón, Fernando Gómez… Fueron algunos de los primeros surfistas gallegos y siempre tuvieron interés por documentar, no sólo el pasado, sino también todo lo que estaba ocurriendo. Por ejemplo, en el año 1990, en la revista que editaba el Club con motivo del Pantín Classic, ya se incluía un artículo que contaba aquellos orígenes.

La historia y la cultura surf, han sido desde sus inicios uno de los ejes principales de actividad del Club, lo que nos llevó, con el paso del tiempo, a tener un interesante archivo de documentos, fotografías, objetos… Que contaban esa historia.

Por otro lado, y siguiendo los pasos de Gonzalo Cueto, hace 10 años comencé a entrevistar a muchos de los pioneros del surf en Galicia recopilando, no sólo testimonios, sino también fotografías, imágenes de video, documentos… Con la idea de que todas esas historias no se perdiesen. Ha sido una experiencia muy interesante en la que he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente que hoy considero muy buenos amigos. Sus relatos además me han mostrado una manera de entender el “surf” muy distinta a la de hoy en día, y con la que me siento especialmente identificado.

Juntando todo, hace unos 2 años pensamos que era una pena que ese material permaneciese en los archivos privados del club. Era momento de darlo a conocer y enseñarlo al público. A Vicente Irisarri fue a quien se le ocurrió la idea de que el mejor modo de hacerlo era en un Museo.

De entre las distintas opciones, a los primeros que se la contamos fue al Concello de Valdoviño, que nos dijeron que sí de inmediato. Ellos han llevado a cabo toda la producción, y serán los encargados de la gestión del Museo. Por nuestra parte lo que hemos hecho es ponerles todo ese material, y nuestras ideas, en sus manos.

Un proyecto de semejante envergadura y que cobre espacio físico en una localidad como Valdoviño ha de ser el fruto de muchos años de trabajo y organización.

¿Cómo ha sido todo el proceso, tanto el legal como lo referente a la recopilación de material?

Aunque el proyecto del Museo cumple ahora 19 meses, como os decía, el trabajo se inició mucho antes, y se puede decir que fue hace unos 10 años cuando el proyecto empezó a tomar realmente forma, aunque no sabíamos que acabaría desembocando en la creación de un Museo. De hecho mi idea inicial era que diese lugar a un libro, pero el Museo se ha adelantado.

Nuestra aportación ha tenido poco contacto con la parte administrativa. De ese trabajo se ha ocupado principalmente el Concello de Valdoviño, que ha sido quien se ha encargado de la financiación y la coordinación de todo el proyecto.

En el equipo ha habido especialistas en el montaje de museos, programadores, diseñadores… Nuestro papel ha sido de asesores, marcando el camino a seguir, aunque al final hemos entrado muy de lleno en la parte de contenidos, sobre todo en la parte histórica. Hay también contenidos que han surgido directamente de ellos. También todas las decisiones sobre cómo se articula el espacio y la gestión del Museo son y serán del Concello. Nosotros hemos dado siempre nuestra opinión sobre si esas ideas encajaban o no en el concepto de Museo que teníamos en la cabeza, aunque la decisión final siempre ha sido suya. De hecho algunas de nuestras ideas han quedado fuera, pero esperamos que en un futuro se incluyan.

Imaginamos que con unas ganas de verlo materializado que no veas. ¿Cuándo se ha inaugurado y en qué condiciones se va a abrir al público? ¿Gozáis con algún tipo de subvención, apoyo…? ¿Temas de donación de material?

El Museo se inauguró el día 1 de diciembre y desde esa fecha está abierto al público. En la web del Museo (oceanosurfmuseo.org) se pueden consultar los días y horario de apertura. Como os decía antes, de la parte de la gestión estamos bastante apartados, aunque sabemos que la financiación ha salido del propio Concello de Valdoviño, la Diputación de A Coruña, la Mancomunidad de Municipios de Ferrolterra y la Unión Europea. De hecho uno de los temas que quedan por definir de cara el futuro es el del modelo de gestión y programación de contenidos.

Como Club, y una vez inaugurado, creo que es el momento de echarnos a un lado y que el Museo tome vida propia independiente de nosotros, aunque estamos dispuestos a servir de ayuda siempre que se nos requiera. Sé que compartimos con el Concello la idea de que el Museo sea un ente vivo, con una programación muy variada a lo largo del año, que incluya exposiciones temporales, conciertos, cine, conferencias… De modo que el Museo sea un soporte para apoyar y dotar de infraestructura a muchos de los proyectos que, vinculados con el surf, se están desarrollando por gente de la zona.

En cuanto a la cesión de material, hemos echado mano de contactos y amistades. Principalmente de gente que ha estado vinculada al Club durante sus 30 años de historia y que también han querido participar en el proyecto. Gente como Gony Zubizarreta, Tony Butt, Clyde Martin, Coque Araujo, Luis Rodríguez, Gonzalo Barro, Estitxu Estremo…

El contacto de Vicente con Enrique Artero también ha sido fundamental para empezar las actividades del Museo con una primera exposición temporal dedicada a su colección de tablas. La verdad es que la respuesta ha sido muy buena. Llegó un momento en que tuvimos que parar, porque no teníamos espacio para acoger todo lo que la gente estaba dispuesta a ceder. De hecho ha habido que hacer algún descarte que ha resultado especialmente doloroso, pero el espacio era el que había.

 

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La fotografía, otra de las grandes pasiones de Jesús.

En realidad tú ya eres un viejo amigo de Mar Gruesa. De hecho publicamos alguna foto tuya en nuestra revista. ¿De dónde surge tu interés hacia la fotografía y qué es lo que más disfrutas fotografiar cuando coges tu cámara?

Siempre me ha gustado compartir con la gente que aprecio todo aquello que me gusta. Me pasaba de pequeño con la música y las cintas que grababa a mis amigos. Así nació también el blog (que desde aquí os recomendamos encarecidamente)

En el caso de la fotografía creo que surgió a partir de la escritura. Siempre me ha gustado escribir (lo he hecho desde muy pequeño) y la fotografía fue una manera de poner imágenes a las palabras o el medio a través del cual encontrarlas. No me considero una persona especialmente creativa, así que normalmente lo que escribo y fotografío forma parte de mi vida cotidiana: es lo que veo o lo que me ha pasado, aunque normalmente sólo me quedo con lo bueno.

No puedo negar que hay también una intención de transmitir algo. Me gustaría lograr que quién vea mis imágenes disfrute, aunque sea a través de una pantalla, de ese momento que he vivido.

Al margen de lo artístico y documental, hay que resaltar toda la implicación que guardas con el mundo del surf y del mar. En especial en Galicia, tu tierra. De hecho has formado parte de Surfrider Foundation. Cuéntanos un poco acerca de esa época y la necesidad de este tipo de iniciativas. ¿Cuál era principalmente vuestra labor? ¿Está el mar realmente tan jodido como creemos?

La verdad es que llegué a Surfrider un poco de casualidad y no empujado por unos ideales ni especialmente firmes ni profundos. Es cierto que conocía la organización, pero salvo por algunos problemas a nivel local, tampoco demasiado relevantes, no era consciente de los verdaderos problemas, o al menos no recuerdo serlo.

Al igual que como persona, mis ideas maduraron con el paso del tiempo, y pronto comprendí el verdadero sentido de organizaciones como Surfrider. Lo cierto es que fue un proceso muy rápido, durante los primeros meses empujado por un idealismo un tanto inocente, que chocó de pronto con la triste y dura realidad del Prestige. Los meses posteriores al naufragio los sentí como una gran bofetada que no sólo me mostró la realidad de la sociedad en la que vivimos, sino también la pobreza que puede llegar a haber en las personas.

Independientemente de las acciones individuales que se puedan llegar a cabo y el efecto positivo que pueden tener sobre un lugar y momento concreto, la verdadera labor de organizaciones como Surfrider es difundir y dar a conocer una realidad que en muchas ocasiones choca con los intereses de las grandes corporaciones. Es muy importante hacerlo de modo serio y sin caer en la demagogia, exponiendo datos contrastados y mostrando situaciones reales que todo el mundo pueda entender. Sólo así se puede llegar a generar una corriente de opinión que lleve a los políticos a tomar medidas y promover cambios legislativos. También a que las grandes empresas, y aunque solo sea por una cuestión de imagen, lleven a cabo cambios en sus procesos de producción, que no sólo sean más respetuosos con el medioambiente, sino también socialmente más justos. Después está evidentemente la labor de actuar frente a situaciones concretas como pudo ser la del Prestige en su día.

Soy en general una persona optimista, pero en el caso del estado de los océanos mi opinión es bastante pesimista y creo que tengo bastantes razones para serlo. Es cierto que en los últimos años se han logrado grandes avances, principalmente que se hable y se trate el tema, pero tampoco creo que se hayan producido grandes cambios.

Nuestro problema además es que somos prisioneros de un pasado, cuyas consecuencias no solo se dejan sentir hoy, sino que estarán muy presentes en un futuro. Pienso, por ejemplo, en toda la problemática asociada con los microplásticos, que tienen ya una presencia muy relevante en el medio marino y que ha llegado al hombre a través de la cadena trófica: se desconocen los efectos que tendrán.

Aprovechando tu experiencia, ¿qué podemos hacer en nuestro día a día para cuidar un poco nuestro entorno pese a no formar parte de ninguna asociación o agrupación con la Surfrider?

Me cuesta aconsejar sobre esta cuestión ya que para nada me considero un ejemplo a seguir. Sé de todos modos que la clave está en las decisiones simples que tomamos en el día a día. Desde lo que compramos hasta a quién votamos.
Todo lo que hacemos tiene un impacto, por lo que es importante conocer lo que nuestras acciones provocan, reflexionar sobre ello e intentar tomar decisiones dentro de nuestras posibilidades económicas y sociales para que nos lleven a que ese impacto sea el menor posible.

Es una cuestión complicada que te lleva a tener que convivir con serias contradicciones, sobre todo en el momento en el que eres consciente de lo que tus acciones provocan y que te demuestra lo mucho que nos queda por avanzar como personas y como sociedad. Por dar algunas ideas: no uses tu coche en desplazamientos cortos que puedes hacer caminando o en bici, evita los envases y las bolsas de plástico, y en general haz un consumo responsable.

 

Aparte de continuar con el blog, mi idea es en 2019 lograr publicar un libro que recoja la historia del surf en Galicia entre los años 1967 y 1988.

 

 

 

 

1995 durante el Pantin Classic. Foto: Sarge

 

Aparte de continuar con el blog, mi idea es en 2019 lograr publicar un libro que recoja la historia del surf en Galicia entre los años 1967 y 1988.

Cambiando de tercio pero quedándonos en Galicia… Tú y el Pantín Classic. Ahí también hay una buena historia de amor…

No sé si de amor o de “odio”. ¡Es broma!.

Curiosamente Surfrider Foundation fue lo que me llevó al Pantín Classic y al Océano Surf Club. De coordinar la parte medioambiental del Club y del evento, me vi al frente de él casi sin quererlo. ¡¡Y la verdad es que sólo resistí 2 años!!.

La labor y el trabajo de la familia Irisarri, de la familia Bremón, de Gusse Núñez, y de todos los que colaboraron en esos años, fue increíble. Pero pasado un tiempo, el nuestro se convirtió un proyecto un tanto “utópico”. Al menos yo lo sentí así, y eso fue lo que me llevó a tomar la decisión personal de dejarlo y de que el resto de la gente del Club decidiese no continuar en 2007.

La nuestra no dejaba de ser una organización, aunque muy eficiente, totalmente amateur, y eso llevó a una relación desigual con la ASP (hoy WSL), que Vicente supo gestionar y llevar a un equilibrio mientras estuvo al cargo y que en mi caso no logré, al menos en el plano personal.

Lo alcanzado por ellos tiene un valor incalculable. Cómo de la nada más absoluta fueron capaces de traer a Galicia a los mejores surfistas del mundo. También la ilusión que se creó en torno al campeonato de mucha gente, demostrando que con ganas e imaginación se podía estar a la altura de cualquier lugar del mundo y lograr aquello que un grupo de gente se había propuesto. Supongo que debió ser una experiencia alucinante la llegada de Mark Occhilupo en 1991, ver crecer a Eneko Acero como surfista, a Tom Curren en 1995, disfrutar del año de las olas gigantes en 1998, o de Joel Parkinson, Bruce Irons, y todas las demás estrellas que se inscribieron en 1999.

¡Cómo han cambiado los tiempos! ¿No? Pull&Bear patrocinador oficial de la última edición. ¿Que opinión te merece este nuevo camino que está tomando el surf (piscinas, olimpiadas, escuelas multiplicándose cada año, marcas clásicas que se caen y otras ‘ajenas’ que entran…)?

Es una cuestión muy compleja que no deja de ser sintomática de los tiempos en que vivimos. Cada uno de los temas que apuntáis: las piscinas de olas, las olimpiadas, las escuelas, las marcas…. Podrían dar para escribir un artículo individualizado y discutir durante horas. En su conjunto, todas ellas son evidencias de la “normalización” del surf como actividad. Pero también creo que son producto de nuestros propios actos. Otra cosa es que el resultado no nos satisfaga y le veamos las pegas.

De todos modos, y si repasáis la historia del surf, éste podría ser un capítulo más de la “deriva” en la que muchos dicen que el surf lleva inmerso desde hace décadas (por no decir a lo largo de toda su historia “moderna”)
Pienso por ejemplo en cómo el surf fue utilizado como una mera herramienta publicitaria para explotar turísticamente Hawaii a principios del siglo XX; o cómo fue también el vehículo para promover los intereses inmobiliarios de los magnates que se hicieron con las tierras de los indígenas americanos en California; o el impacto que tuvo la película Gidget y la posterior saturación de las playas. O también el caos del campeonato del mundo en Bells Beach de 1970, o en las revueltas del Op Pro de 1986…

Yendo a las piscinas de olas no creo que nada supere los ridículos campeonatos que se organizaron a finales de los años 80 y principios de los 90… Dentro de unos años veremos qué ha supuesto todo esto, pero no descartaría que se tratase de algo pasajero.

Volviendo a las raíces del Pantín… Muchas veces no somos conscientes del trabajo organizativo que conlleva porque sólo nos fijamos en las mangas y las olas. ¿Cómo se vive tras los bastidores la creación del campeonato más antiguo de España? ¿Es algo rentable y verdaderamente proporcional a todos esos quebraderos de cabeza? ¿Algo con lo que te quedes en especial después de todo ello?

En mi caso personal no compensaba, por eso lo dejé después de 2 años al frente de la organización. Como comentaba antes, nuestro caso también era un tanto particular ya que ni el Club ni las personas que lo organizábamos obteníamos un rédito económico por ese trabajo, que era por otro lado muy exigente y estaba lleno de riesgos.

La tarea de organizar un evento de esas dimensiones es una labor de todo un año, y en nuestro caso lo hacíamos en nuestro ratos libres, robando el tiempo a los amigos, a la familia, y al surf. De hecho una de las reflexiones que me llevó a tomar la decisión de dejarlo era el cómo algo vinculado con el surf me estaba llevando a estar cada vez menos tiempo en el agua. Era algo antinatural.

Evidentemente ha tenido su parte positiva, que han sido los vínculos que se crearon con la gente que formábamos la organización, pero no me quedaría con mucho más. Sé de todos modos que mi experiencia es totalmente distinta a los que lo vieron crecer y convertirse en lo que ha llegado a ser. Sin duda para ellos ha de ser un gran satisfacción el ver cómo esa idea se materializó y se convirtió en realidad, además con un estilo y principios propios que se mantuvieron durante 20 años.

Por cierto, ¡qué lástima el tema de los malditos incendios que os han arrasado este otoño! ¿Cómo está el panorama ahora? Suponemos que habrán calado muy hondo en una gran parte de la población…

La nuestra es una historia de desastre medioambiental en desastre medioambiental. Pero también de olvido. Afortunadamente en donde vivo apenas hubo incendios, por lo que lo he vivido con una cierta distancia. En esa semana estaba además en Francia, por lo que no lo sufrí tan de cerca.

Desgraciadamente, y salvo para los afectados, creo que la gente está ya con otros temas. Es muy triste que estas grandes cuestiones, como puede ser la gestión de los montes en Galicia, sean tratados con ligereza, casi como una “moda” que sólo aparece y se habla de ello cuando sucede algo grave.

Bueno, para no teñir de negro este buen rato que estamos pasando, háblanos de algún otro proyecto que tengas en mente de cara al futuro. Conociéndote, seguro que tienes algo por ahí rondando.

La verdad es que he quedado un poco exhausto después de todo el trabajo del Museo. Aparte de continuar con el blog, mi idea es en 2019 lograr publicar un libro que recoja la historia del surf en Galicia entre los años 1967 y 1988. Es un proyecto en el que llevo trabajando 10 años, y es momento de terminarlo.

En 2019 se cumplirán 50 años desde que los primeros gallegos se iniciaron en el surf, por lo que esa puede ser una buena fecha para poner fin al proyecto. Después ya se verá. Es interesante también no saber qué te deparará el futuro.

Antes de terminar Jesús, si antes hablábamos de la evolución del surf a lo largo de estos últimos años, ¿en qué medida eso ha afectado a las playas y los lugares que tú sueles frecuentar? ¿Mantiene tu zona aún ese toque salvaje o eso también se va perdiendo poco a poco?

En Galicia, o al menos en la zona en la que vivo, se dan varios factores (relativa escasa población, gran variedad de playas…) que han hecho que las cosas aquí estén sucediendo de un modo más lento que en otros lugares, lo que espero nos dé tiempo para poder gestionar adecuadamente lo que inevitablemente va a suceder.

El “surf” está hoy considerado por la sociedad, y con ello me refiero desde el ciudadano de pie al político que toma las decisiones, como una fuente capaz de generar riqueza. Eso en un principio no es malo, siempre y cuando se haga de modo ordenado y sin olvidar una serie de principios básicos. Uno de ellos es que ese desarrollo vinculado al surf permita fijar población local en la zona. Tenemos ejemplos de lugares que han muerto de éxito, y de ese tipo de modelos es de los que hay que huir.

Aquí, evidentemente, se nota. Hay horas en las que sabes que no vale la pena ir a determinadas playas. Cada vez es más difícil darse baños con poca gente. Cada vez hay más gente en el agua que no conoce los principios básicos de convivencia… Afortunadamente mucha de la costa gallega se salvó del boom inmobiliario y aunque haya zonas que podían haberse cuidado más, la mayoría de nuestra costa se conserva bastante bien.

Pues nada más. Creo que ya te hemos tenido retenido más tiempo del debido…
Si quieres cerrar diciendo algo… Es tu turno Jesús. ¡Mil gracias por tu tiempo y por compartir con nosotros una parte de la historia del surf gallego!

Agradeceros que me hayáis dedicado un espacio en Margruesa y animaros a que sigáis creando contenidos propios, tanto en papel como en digital, ya que creo que son muy importantes en estos tiempos en lo que todo es tan efímero.

Últimamente se ha puesto demasiadas veces en duda el interés de dedicar tiempo y recursos a las humanidades, y en concreto a la historia. Pensamos tanto en el futuro, en lo próximo, que parece que lo ocurrido en el pasado carece de importancia y no merece ser considerado. Estoy seguro que se trata de un gran error. No hace mucho leí una frase del arquitecto Le Corbusier que definía qué era ser moderno de la siguiente manera: “No es sin duda una actitud, ni mucho menos una condición. Para ser moderno es imprescindible entender la historia, porque quien la entiende está en condiciones de ver la continuidad entre lo que ha sido, lo que es y lo que será”.

Conocer y entender la historia es fundamental además para crear conciencia social. Aunque no seamos conscientes de ello.

Hace no mucho leí un texto que me hizo pensar mucho y que explicaba que con nuestra vida se nos ha hecho entrega de un valioso testigo que debemos custodiar y ceder después a otros. La historia nos enseña cómo cumplir con ese cometido, mostrándonos ejemplos de la negligencia de unos y el buen hacer y valentía de otros. Todos deberíamos estar llamados a dejar un mundo mejor al que se nos entrega y para eso es fundamental conocer el valor de lo que se nos confía.

Evidentemente el surf también forma parte de ese mundo, y resulta por tanto relevante conocer su historia aunque sea, como en este caso, la de una pequeña región situada en el noroeste de la península ibérica, para que dentro de unos años estemos orgullosos del testigo que cedamos.